By Consuela.
Son las 5:06 de la tarde, y estoy aquí, sentada viendo como mis alumnos aprenden los colores mientras pintan y dibujan ¡Uff! Que cansada estoy cinco y cuarto y no paso de dos líneas. Bueno se supone que estoy dando clase de cualquier modo. Que fastidio, no estoy de humor para dar la clase.
Otro vistazo al reloj, ya son las cinco veintiséis. Ya mero salgo, no veo la hora de salir de aquí, estoy harta. No me molestan los niños, pero es que hoy vienen particularmente inoportunos, y además uno de ellos huele a caquita. Mmm no por decirle caquita es más soportable por cierto. Qué horror, ya terminó la clase y no se van, siguen aquí. No se quieren ir porque les dije que hoy es la última clase que les doy por falta de quórum. Están pegados a mí viendo cada detalle de lo que escribo. Ahora, el mayor de ellos quiere que escriba acerca de él y de sus cualidades, y además quiere que especifique que él no es el que huele a caca.
Es un niño muy inteligente para su edad, tiene muchas cualidades, entre ellas el dibujo. Tiene talento natural. Es de sangre ligera, de esos niños que te cae bien solo con verlo. Él cree que no puede con el inglés, pero la verdad es que yo no le digo ni una palabra en español y todo lo entiende a la perfección.
La menor, va en primero de primaria. Aparentemente es una niña como todas las de su edad, le gusta el color rosa, jugar a las muñecas y dibujar flores. Pero siempre termina el trabajo del día y a veces, antes que los demás, que son mucho mayores.
Los otros dos, hace tiempo que ya no vienen. Se dicen amigos pero se la pasan peleando todo el tiempo. A veces son cómplices, y otras son los peores enemigos.
Juan Manuel, el mayor, que para mi desgracia así se llama, dice que solo lo estresaban y que la clase está mejor sin ellos. Aunque entiende que si no hubieran dejado de venir, no se cerraría su grupo.
Bueno, llego el momento de la despedida. Un abrazo a la pequeña Sofía mientras le explico a Juan que nos veremos dentro de cinco años, cuando el llegue al bachillerato. Sofía opina que para entonces yo ya estaré muy vieja, y que probablemente no le daré clases en ese entonces.
Espero que no sea así. Se van con una sonrisa, se despiden con la mano mientras caminan por el pasillo. Juan lleva de la mano a Sofía. Él la cuida por que se sabe mayor y tiene que cuidar a los más pequeños. Me despido de igual modo, con una sonrisa que me cuesta por el cansancio.
Adiós a mis niños de primaria, los voy a extrañar, pero, muy en el fondo, THANKS GOD!
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