viernes, 17 de diciembre de 2010

CONFESIONES DE UNA MUJER DE 30

BY CONSUELA
Ni modo, es irreversible. Ya estoy aquí, justo  a la vuelta de los 30. He comenzado a notar los cambios. De entrada, algunas canas se asoman por ahí. (¿Algunas? Se pueden ver a kilómetros de distancia). Mi piel ya no es tan firme como antes (bueno, creo que solo estuvo firme en mi nacimiento, de ahí, me cundí de celulitis hasta en los cachetes). Unas arruguitas por aquí y por allá. No es tan malo ¿verdad? Siempre he escuchado decir que la vida comienza a los 30, pero bueno, lo mismo dicen las de 40 y las de 50. Entonces ¿a qué edad comienza la vida?
No me quiero escuchar como una vieja quejumbrosa, pero es que ya no tengo veinte años.  Se me fueron entre los dedos. Ya reflexionando un poco ¿qué hice en estos 10 años? ¿Cómo es que se me fueron tan rápido?
A ver, entré a la universidad con los veinte casi cumplidos. En ese momento sentía que me podía comer el mundo entero. Estaba llena de sueños e ilusiones. Ávida de conocimiento. Imaginaba como sería mi vida.  Viajada, leída, cultivada. Claro que ese pensamiento me duró  de la entrada hasta la puerta  del salón de mi primera clase. De ahí, todo se vino abajo. Y es que nada era como me lo imaginaba. ¿Qué estaba pasando? Mi vida universitaria no era para nada como la de Jenny y Oliver. ¿Dónde estaban las tertulias intelectuales? ¿Los paseos por el campus? ¿Los jardines llenos de estudiantes leyendo recargados en un árbol?  Definitivamente  no era como en Love Story.
Ahí, se me fueron como cinco años. Y yo, seguía atascada en la universidad. Y sin poder salir del bache, vi cómo todos empezaron a graduarse, casarse y tener hijos (no en ese orden precisamente) ¡ya todos estaban haciendo algo!  Decidí entonces darle un solo año más a la universidad, terminara o no.
Por supuesto que no terminé, pero ¿qué importaba? Ya tenía unos cuantos años de experiencia como maestra, porque claro, el que no se dedica a su profesión, la siguiente mejor cosa es ser maestro.
26 años y sin título ni príncipe azul, que es lo que se supone que vamos a buscar a la uni, ¿no? Pero feliz con una oferta de trabajo de tiempo completo ¿No está tan mal, verdad?
Pero, ¿cómo? Tres añitos nada más y ¿ya estoy a la vuelta de los treinta? Pero si no me dio tiempo de hacer ¡nada! Me la pasé trabajando y  atendiendo asuntos sociales importantísimos. ¿Y el príncipe azul que se supone llegaría a los 24? ¿Dónde están los viajes alrededor del mundo que haría con mis amigas? ¿Dónde está el trabajo de mis sueños, que además, me haría millonaria?
¿A dónde se fueron todos esos años?
Veo atrás a esa joven idealista de 20 que juraba que faltaba una eternidad para los 30, y que le daría tiempo de hacerlo todo. ¡Estúpida! Ha ha ha. No sabías nada.
Ahora, todo lo que no hice en 10 años, ¿lo tengo que conseguir en uno?
A ver, ¿qué me hace falta?
Un título universitario
Un trabajo soñado
Un príncipe azul
Uno o dos hijos perfectos
Un hermoso hogar.
Mmm, ¡está bien!  Concuerdo con mi madre. ¡La vida comienza a los 50!

martes, 14 de diciembre de 2010

YO TE ACONSEJO AMIGA…

BY CONSUELA

                Esas son las palabras que toda amiga quiere escuchar, y que además estamos obligadas a decir cuando llega tu queridísima amiga con un problemón de amores que ni la mismísima Laura Bozo puede resolver. Pero ahí estamos nosotras, que para nuestras amigas, somos psicólogas, ginecólogas, pediatras y  podólogas.
 Yo te aconsejo amiga que lo dejes, que hagas esto, que hagas el otro, y ahí está nuestra pobre amiga, chille y chille, y si pudiera, tomando nota de todo lo que le dices para seguir tus instrucciones al pie de la letra la próxima vez que vea al desgraciado hijo de su mamacita que la hizo llorar.
Tres días después, tú que habías aconsejado a tu amiga, porque en ese momento, tú estabas SUPER bien en tu relación y eso te daba el derecho a aconsejar, ahora te encuentras en el lugar de la víctima inocente y claro, tu amiga está obligada a darte consejo y decirte paso a paso que hacer. Y así nos la podemos pasar eternamente dándonos consejos que no aplicamos a nuestras propias relaciones.
 ¿Cómo nos atrevemos a darnos consejos una a la otra? Si las dos estamos en el hoyo. Y además, ojala y solo fuéramos dos amigas. No, no, dos no sirven para nada, somos 5 mujeres igual de perturbadas (porque si no, no seríamos amigas) y las 5 nos atrevemos a darnos consejos y además, los escuchamos y seguimos como receta de cocina. Pero ¿cómo? Si hace dos días le estabas diciendo a tu amiga que es una idiota por dejada y ahora que te encuentras devastada, pisoteada y arrastrada por el amor y  ese consejo que te da tu amiga (que casualmente es el mismo que tu le habías dado hace tres días)  se vuelve en  lo mejor que has oído en la vida, y además, en el estado cuasi catatónico en el que te encuentras, todo te suena tan lógico y cierto, que te preguntas ¿cómo es que no lo habías pensado antes?, y es que tu amiga es tan sabia que es casi el gurú del amor.
Ya después de que pasa ese momento de histeria en tu relación te encuentras un poquito lucida y sales del status brutus en el que estabas, tanto tu como tus amigas reaccionan y caen en la cuenta de que efectivamente, todas están en el hoyo y que ninguna está capacitada para estar dando consejos de amor, llegas a la conclusión de que los hombres apestan, que ellos son los únicos  culpables de todo, y claro tu también por dejadota.  
Deciden todas que los hombres son unos malditos, desgraciados, que no vale la pena ni siquiera hablar de ellos. Que mejor, en lugar de estar perdiendo el tiempo sufriendo, deberían de estar en algún antro de fiesta celebrando su  libertad intelectual  hasta que uno te habla, te vuelve a hacer la misma chingadera , y por supuesto tu corres con tu  querida amiga que ahí está lista para solucionar tu vida con el esperado y reconfortante…Yo te aconsejo amiga….