martes, 26 de abril de 2011

SIN TITULO 1

By Consuela

Recuerdo la época cuando solía imaginar que tenía la edad que tengo justamente ahora. Recuerdo que jugaba con mi hermana la mayor a que estábamos alrededor de nuestros 30´s y que hacíamos justo lo que mis padres hacían cuando tenían más o menos esa edad. En esas épocas, mis papás solían salir, por lo menos una vez al mes, con un grupo de parejas que habían conocido en el movimiento familiar cristiano. Yo debí de haber tenido alrededor de 7 u 8 años, y no dejaba de imaginar cómo sería salir de noche con mi esposo y amigos, ¿de qué hablaban? ¿Qué ordenaban para cenar? Recuerdo estar en la recámara de mi mamá mientras ella se arreglaba para salir, usaba su mejor vestido, se ponía perfume y se maquillaba. Cuando se iban, mi hermana y yo saqueábamos el closet de mi mamá y nos vestíamos con su ropa. Imaginábamos que estábamos en la misma situación. Bajábamos torpemente la escalera  por culpa de los tacones que nos quedaban grandes  hasta  la cocina dónde nos esperaba a cenar Marcela  la muchacha, pero dentro de mi imaginación la cocina  era un elegante restaurante, como al que probablemente habían ido mis papás con sus amigos y Marcela era una mesera que nos atendía.  Nos sentábamos a la mesa imaginando que cada una iba con su esposo, y nos dedicábamos a hablar de lo que suponíamos que hablaban mis papás en esas cenas del movimiento.  Hablábamos de nuestros supuestos hijos, de cómo nos hacían reír y de cómo nos habían hecho enojar por sus bajas calificaciones en la escuela.  Imaginábamos al otro día que estábamos de viaje y que el jardín era una playa paradisiaca. Nuestra recámara era un lujoso cuarto de hotel y que el pasto era el mar de un azul hermosísimo. Nos tirábamos en el concreto del porche de la casa pretendiendo que era arena y agitábamos los brazos simulando que nadábamos en la alberca.  Nuestras fantasías no se limitaban a la casa, las llevábamos con nosotras a dónde fuéramos. De viaje familiar, a la escuela, a la playa. En todas esas fantasías nos imaginábamos felices viviendo con nuestra pareja y compartiéndolo todo como hermanas.
 No sé de donde salieron estos recuerdos, ni tampoco sé porque en esas fantasías nuestras, siempre estábamos acompañadas por nuestros esposos. Ahora, que estoy a unos días de cumplir 29 y también a unos días de conocer a mi primer sobrino, hijo de mi hermana mayor, nada es ni remotamente parecido a lo que imaginábamos cuando  éramos niñas.  Las cenas románticas en un lujoso restaurante no se comparan con los conciertos a los que hemos ido. Tampoco hemos ido a la playa y mucho menos hay esposo. Pero eso sí, somos inmensamente felices.

sábado, 23 de abril de 2011

Chupando que es gerundio

By consuela
Un pomo de wiki y unas cuantas confesiones fueron suficientes para echarles sal a las heridas del pasado. Unos amores por ahí, otros por alla. Pinchi wiki que me saca las verdades mejor que cualquier judicial pero  que mas da, si el alcohol todo lo olvida y todo lo perdona. Pinchi alcohol, si yo ni me quería acordar de nada, solo quiero gozar de mis vacaciones, nada de acordarme deviejos amores, y mucho menos de mis alumnos  solo me quiero ir  tatemar en la playa hasta que me de cáncer de piel. Hasta que me harte tanto del mar que me quiera regresar a trabajar. No! Me rehuso a pensar en el trabajo, solo quiero sol arena y mar ¡!!!


lunes, 11 de abril de 2011

SIEMPRE SERÉ UN CAIFÁN…

By Consuela
Recuento de los daños vive latino 2011… insolación grado cáncer de piel, piernas hinchadas como chorizo toluqueño, mugre hasta en la conciencia y cruda de campeonato, todo valió la pena para dos horas de Saúl Hernández, dos horas de Caifanes.
 Aparte de la borrachera, que con los años se ha intensificado, ver a los Caifanes reunidos  en el escenario principal del vive, fue como un viaje en el tiempo. Fue como estar entre hermanos, entre familia, donde todos cantábamos Piedra a todo pulmón y cumbiabamos al ritmo de La negra Tomasa. Todos llorábamos, gritábamos y nos abrazábamos. Recuerdo a un vecino que al primer requinto de Marcovich, volteó a verme con una reconfortante  expresión de felicidad que  no importó que Saúl se saltara dos estrofas de La célula, total, Saúl es Saúl y puede hacer lo que le venga en gana.  Todo fue perfecto, las luces, la gente, el clima cálido y el olor a mota. Fue la culminación perfecta para el segundo día del vive latino.
Reconozco que la antesala para los Caifanes también estuvo cotorrona, Los enanitos jamás me han decepcionado, Jarabe de palo, pese a sus arreglos chafones del lado obscuro, también me gustó. Los Bunkers, que después de tantas cervezas (con el ÚNICO  motivo de llevarles vasos conmemorativos a mis amigos) fue una gran laguna mental, pero  a juzgar por las fotos se ve que estuvo muy prendida la cosa.  Pero nada como el sentimiento de angustia, pánico, ansiedad, felicidad y náuseas de ver a más de tres mil personas reunidas listas para ver el rencuentro.  
Al final, después de dos enchores, dos horas de toquín y mucho  alcohol, llegué a una muy profunda conclusión junto con un mensaje que ojalá llegue a oídos de Saúl.  No hagan una gira, por favor  dejémoslo así, como un increíble sueño, como un delicioso viaje al pasado dónde me cantabas al oído y los demás coreaban tus canciones.  Recuerda  Saúl que siempre seré un Caifán.

lunes, 4 de abril de 2011

WEIGHT IS HERE TO STAY!

by Consuela

Conocí a mucha gente a lo largo de mi vida. Unos buenos, otros no tanto. Me he deshecho de varias personas que me han herido, que me hicieron daño en algún  momento de mi vida. Las alejé, las congelé y decidí no volver a pensar en ellas jamás. He podido perdonar  y he aprendido a  pedir perdón a aquellas personas que yo he lastimado. He sabido reconocer mis errores y he aprendido a enmendarlos. He sabido cuidarme y protegerme de extraños que quieren irrumpir en mi vida, y he sabido elegir bien a las personas en las que confío. Puedo quedarme hasta las ocho en la oficina y sacar adelante el trabajo, he podido demostrarle a varios jefes que con dedicación puedo hacer eso y más, pero hay una sola cosa que no he podido hacer. Lo he intentado todo y me he resignado, simplemente no puedo hacer….dieta.
Maldigo el metabolismo de quinceañera cuando dejabas de cenar uno o dos días y volvías a la esbelta figurita y maldigo mis complejos de quinceañera cuando tenía esa esbelta figurita y aún así jamás me puse un bikini.  Maldigo las comilonas navideñas que se extienden hasta febrero y maldigo mi poca fuerza de voluntad y me “decido” a hacer dieta hasta febrero. Es más, ¡maldigo febrero!
Maldigo la coca-cola, maldigo el pastel, maldigo las quesadillas y memelas, maldigo a las memeleras y el chicharrón prensado. ¿Por qué Dios? ¿Por qué? si no me haces esbelta a mí por lo menos  ¡engorda a mis amigas! No es justo, las personas deberían de engordar por decir mentiras, no por comer que es tan delicioso…bueno mejor no, eso de las mentiras también me engordaría un poquito. Mejor que engorden los rateros y los asesinos, así por lo menos sabrías que no debes de llevarte con los gordos  y sería más fácil elegir tus amistades ¡eso sí sería útil! Tendría más fuerza de voluntad para la dieta…aunque ya no la necesitaría, por que como no soy una ratera, pues no estaría gorda. Pensándolo bien, ni estoy tan gorda, además, los amigos vienen y van, pero las lonjas han venido para quedarse. ¡Maldigo las dietas y bendigo la comida!